lunes, 23 de febrero de 2015

Noches de lucidez


El día, la noche
Tan seguidos el uno del otro
Tanto incluso que se confunden
Tanto incluso que ninguno reluce

Porque el día, compañero
Es quizá más corto y marca menos
Porque al fin y al cabo siempre
Se recuerda menos que todas aquellas noches
que pasé pensando en ti

Todas esas nochas tan oscuras
Esas noches en las que el feroz miedo
Te lleva a una pesadilla en la vigilia
Esas noches que, casi sin saber por qué
me hacen acordarme de ti

Fíjate querido amigo
Es el día, el sol que está saliendo
Apresúrate, no pierdas ni un segundo
Porque, ya sabes
No dependerá de ti que este sea o no efímero

Era ella la que debía envidiar a todas

Este poema lo escribí hace ya algo de tiempo, a una chica por la que estaba colado, pero que nunca llegué a enseñar a nadie, aquí va.

Era ella la que envidiaba a todas
Ella, la de pelo liso y rubio que agitaba a cada paso
Ella, que le temía a todo, por no saber lo que valía
Ella, que se paraba a mirar la belleza de otras, en vez de mirar la suya
Ella, que sólo se miraba los defectos
Porque quizá, si hubiera buscado virtudes
Puede que nunca hubiera terminado de encontrarlas.

Inmensa, como un mar en el que el límite está fuera de nuestra visión
Como un mar en el que cuanto más te adentrar, es más profundo
Y cuanto más avanzas, te das cuenta que más tienes que descubrir

Era ella, la que envidiaba a todas
Y sin embargo, eran todas las que debían envidiarle a ella.